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27/06 : María Valverde. The real girl
María Valverde sabe viajar. Fue en cohete a por un Goya con dieciséis (‘La flaqueza del bolchevique’), siguió con una cortacésped (‘Melissa P.’) disfrutando del recorrido hasta los veintidós, que se ha subido a un zeppelín al extranjero (‘Cracks’) y para la vuelta a casa (‘La mula’) se reserva billete de metro. María, ¿quieres viajar conmigo?
Madrid, con los tejados y los jardines blancos, parece que está de mudanza. La nieve de ayer ha dado paso a la lluvia. María Valverde tiene una entrevista... El lugar, seleccionado por ella misma, es el Starbucks que hay en la plaza del Museo Reina Sofía. Llega un poco antes de la hora acordada y tiene que esperar unos minutos hasta que aparece el periodista. A María le encanta esta zona de la ciudad. Acude al gimnasio tres veces por semana muy cerca de aquí, suele pasear por estas calles y puede pasar tardes enteras dentro de la librería del museo hojeando libros. No parece existir un establecimiento más cómodo y agradable para un día frío como el de hoy. María ahora tiene 22 años (la entrevista es de enero) y ya ostenta una de las carreras cinematográficas más sólidas de nuestro país. Empezó cuando sólo era una cría con ‘La flaqueza del bolchevique’ y eso le valió un Goya. Después siguió trabajando y llegaron otras películas como ‘Melissa P.’, ‘El rey de la montaña’ o ‘El hombre de arena’, en las que su presencia se sentía de manera sosegadamente furiosa. Aparece el entrevistador. María saluda con la mano al periodista desde su butaca mientras disfruta de una infusión en una taza enorme y todo (la música de ambiente, la decoración, ella) se parece mucho a un capítulo de ‘Felicity’, a la felicidad. En estos días tan fríos, a María le impresiona el silencio que hay en la calle, parece que la gente solamente sale por necesidad, no pasea como de costumbre. La observación es abrumadora. El periodista despliega una enorme lista de preguntas y se lleva una taza desbordada de nata a la boca. María comienza a hablar de ‘Cracks’, la película que ha rodado en Irlanda bajo las órdenes de Jordan Scott, la hija de Ridley Scott: “Es la historia de un colegio femenino en el que hay una profesora por la que todas las chicas sienten admiración y, de repente, llega una chica española, que soy yo, que no entiende sus códigos y ellas le dan de lado. Pero la profesora se enamora de ella, Fiama. Es una película preciosa y estoy feliz de tenerla en mi carrera. Como espectadora, si la hubiera visto me habría encantado poder hacerla. Es muy femenina y está rodada de una forma súper elegante”. Mientras habla, el periodista sentado frente a ella, intenta buscar algún tipo de asimetría en su rostro. Imposible, tiene una cara perfecta, en el sentido más literal del término. María es encantadora. Su acento suena natural, sus palabras son sinceras y sus gestos acompañan de manera armónica a sus comentarios, como si fuera directoria de orquesta y con cada frase ofreciera un concierto de adjetivos, preposiciones y artículos.
¿Cómo surgió lo de ‘Cracks’?
Vinieron a España a hacer cásting porque estaban buscando a una chica en Francia, Italia y aquí. Pasé las pruebas, me dieron el papel un viernes y el domingo me tenía que ir a Irlanda. En cuestión de dos días tuve que tomar la decisión y hacer las maletas. El guión me encantó desde el principio, hacia tiempo que no leía algo tan maravilloso. Es súper femenino, con un montón de mujeres y contado por una mujer. Así que me fui sin pensarlo.
¿Cómo preparaste el personaje en tan poco tiempo?
Jordan, la directora, nos dio algunas películas como referencia, pero no tuve tiempo de prepararlo. Aunque se lo agradezco, porque fue una decisión totalmente inconsciente y ésas son las mejores. Lo pasé muy bien. La directora es muy joven y eso se nota en su vitalidad. Además tenía muy claro lo que quería. Nos hizo hacer a todas un diario de nuestro personaje. Había muchas actrices para las que era su primera película y eso nos sirvió mucho para conocernos. Nunca me había unido tanto a mis compañeras de reparto. Hemos estado solas en un hotel en las afueras de Dublín durante dos meses y me llevo amigas para toda la vida.
¿Conservas el diario?Tengo una parte, el resto lo iba metiendo en el guión. Ponía fotos, recortes, cosas escritas… Además, nos regaló una caja con los objetos que pertenecían a nuestros personajes, una caja preciosa.
¿Qué tal el rodaje en el extranjero?
Increíble. Las dos ocasiones –la otra con ‘Melissa P.’- que he tenido que rodar fuera me he sentido muy afortunada por el trato recibido. En ‘Cracks’, en concreto, la producción fue excelente. Creo que ha sido el trabajo más gustoso y más cómodo hasta ahora, desde el principio hasta la promoción, no tengo ningún “pero”. Estoy encantada con el resultado.
Bueno, Jordan Scott tiene buenos padrinos. ¿Andaban por allí Ridley y Tony Scott?
Ridley estuvo un día en el rodaje y fue muy emocionante conocerlo, me daba vergüenza mirarlo. Iba con su mujer y son maravillosos. Me encantan sus películas y que sea majo, agradable y, además, buen productor ha hecho que creciera el mito. Además le di la mano y me dijo: “Qué bien das la mano”.
Entonces hay diferencias entre rodar en España y en otros países.
Sí, en España te dan el guión y te hablan de Cannes… Y es como, ¿perdón? Todavía no tenemos película, no sabemos si quedará bien y ya estamos hablando de festivales. Hagamos la película y luego pensamos en estas cosas. Me han llegado a ofertar premios antes de rodar. Son cosas absurdas. En este caso no me han contado nada hasta que no ha ido seguro a un festival. Me gusta la seriedad.
En la película coincides con Eva Green. Una vez, en una entrevista con Eloy Azorín, Pablo Rivero y Jan Cornet, ellos se referían a ti como la Eva Green española.
¿Ah, sí? [María se ruboriza y desvía la conversación]. Me han comparado con muchas actrices.
¿Por ejemplo?
Natalie Portman o Scarlett Johansson. Me gustan las tres pero me quedo con la trayectoria de Natalie Portman y estoy segura de que conectaría con ella, me caería bien.
Lo siguiente en lo que te veremos será ‘La mula’, de Michael Radford, junto a Mario Casas.
A ver, porque creo que tienen algunos problemas… Creemos que tenemos una muy buena película. La historia es, básicamente, la de un acemilero y su mula. Hay una trama de amor con la chica del pueblo, que soy yo, pero los protagonistas son ellos. Tiene bastantes partes cómicas, con un humor muy negro, como de Berlanga.
¿Cómo te decides por un proyecto?
En el momento en el que me dicen que es mío decido si me compensa, si puedo hacerlo, si me va el personaje… Pero, normalmente, me dejo llevar por mi intuición de espectadora. Si algo no me gusta no voy a poder hacerlo a no ser que necesite el dinero.
¿Hay algún tipo de cine que no harías nunca?
No, depende de la historia. Me cuesta ver películas duras tipo ‘Funny Games’, de Haneke, pero no me importaría para nada hacerlo, me lo pasaría teta y la vería porque salgo yo (risas).
El otro día, precisamente, le entregaste uno de los premios del cine europeo a Haneke (director de ‘La cinta blanca’). ¿Cómo fue eso?Fue increíble. Es uno de esos momentos que me ha permitido vivir esta profesión y que alguna vez plasmaré en un libro. Fue una situación surrealista, te preguntas: “¿Qué hago yo aquí?”. Luego miras atrás y ves el camino que has recorrido hasta esto y todo vuelve a tener sentido. El corazón me latía como nunca ante aquel auditorio inmenso.
¿Más que cuando te dieron el Goya?
Es un latido diferente. Entonces, cuando dijeron mi nombre, me salió un sarpullido en el pecho.
¿Cómo preparas lo que te vas a poner antes de una entrega de premios o de un estreno?
Suelo pedir bastante consejo, aunque me dejo llevar por lo que me apetece ponerme. Sobre todo, tiro de marcas conocidas, vestidos a los que les he echado el ojo… Soy bastante desastre pero tengo una amiga que me ayuda con el tema del estilismo.
Últimamente te veo en un montón de sitios como referente de estilo.
Jaja, por mi colega. Le dedico tiempo, es importante diferenciar entre tu vida personal y profesional. Cualquier evento es trabajo y hay que cuidar mucho la imagen que proyectas.
Además, no tienes los típicos problemas de otros actores que no pueden salir a la calle.
Que va, de hecho, no creo que me reconocieras. Y lo agradezco porque tengo amigos que salen por la tele y me parece… yo sería muy borde. Tengo muy poco aguante con según qué cosas. La gente cree que por salir en la tele pueden tratarte como quieran. Muchas veces, incluso soy yo la que les hace la foto con el fan.
¿Nunca te han ofrecido hacer tele?
Como proyecto, no. He hecho pruebas pero no me ha interesado hasta ahora. Si hay algo que me encanta lo haría con los ojos cerrados. Me da igual que sea tele o cine, no creo que un actor de tele valga menos que uno de cine. Son registros distintos y técnicas diferentes. Yo he crecido en el cine y me costaría adaptarme a la velocidad de la tele pero lo haría, no tengo escrúpulos.
¿Te has acostumbrado al lado feo de la industria?
Bueno, cuando empecé creía que todos iban a ser mis amigos y eso es mentira, tengo cuatro amigos en esto. Son códigos profesionales que tienes que ir aprendiendo. Siempre alguien va a querer quedar por encima. Esto es una competición pero hay que respetar a los demás. Hay muchas zancadillas y a mí me han pisoteado hombres y mayores, algo absurdo. ¿Qué te voy a robar yo? Son batallas de egos. Aquí, además, como todos nos conocemos, las cosas se ven más.
¿Tienes ganas de trabajar en EE.UU.?
Me encantaría. Me considero una persona bastante impulsiva. Me dan miedo los cambios pero me iría sin pensármelo, cuando piensas mucho es cuando salen mal. No me da miedo salir fuera. Mi lema es: Rock’n’roll.
María se disculpa, tiene que ir al baño. El periodista aprovecha su ausencia para rematar su café con nata y releer las preguntas que todavía le quedan pendientes. Ella vuelve del baño y se enrolla la bufanda por el cuello, al final aquí hace un poco de frío.
La última vez que aparecías en Vanidad hablabas de que te habías ido a vivir sola y de que estabas decorando tu casa para convertirla en un hogar, ¿lo has conseguido?Es un hogar, pero creo que en el momento que tienes una casa no paras de cambiar y arreglar cosas, de redecorar. Pero sí, la puedo disfrutar.
En ese mismo número Carmen Maura decía que veía programas de testimonios para preparar personajes, ¿consumes tele?
No. Para preparar los personajes me voy a la calle. Una vez oí que Meryl Streep decía que los actores somos ladrones de ADN y es verdad. Copiamos registros y los reproducimos. Soy muy de la calle y necesito oler, ver e incluso preguntar.
Me gustaría reivindicar desde aquí ‘El rey de la montaña’, pero creo que fue un rodaje muy duro. ¿Fue difícil?
Es uno de los más duros que yo he vivido. Estuvo lloviendo, hizo frío, me hice un esguince… Pero Gonzalo López-Gallego tiene mucho talento y además te lo saca. La verdad es que de los directores es el que más me ha enseñado. Con él he aprendido como en una escuela.
Entonces, ¿no crees necesario tener que pasar por una escuela de interpretación?
Sí, hay cosas innatas pero hay otras que tienes que aprender y yo me he dado cuenta de que carezco de muchas herramientas para trabajar. Por eso, cuando no trabajo intento ponerme a tope con las carencias para mejorar.
¿Qué has estado trabajando últimamente?
Voz, cuerpo y ahora voy a hacer un curso de interpretación. Parece que no pero sirve, sobre todo para la mente. Los actores estamos continuamente en paro y después de un trabajo no sabes cuándo vas a volver a trabajar otra vez. Viene bien tener un horario. Si no estarías todo el día de vacaciones y no valorarías el tiempo libre.
Volviendo al tema de Gonzalo, volvéis a trabajar juntos en un corto para Hoss Intropia, marca de la que eres imagen.
Sí, es mí proyecto para Hoss Intropia llamado ‘Los cinco sentidos’ y yo quise contar con él porque le admiro mucho como director y me fío.
¿Habías prestado antes tu imagen a una marca?
Hice una publicidad para Purificación García pero era la primera vez que una marcaba pensaba en mí para una colección. Me encanta el espíritu Hoss y fue un orgullo que me eligieran para ser su imagen. Además resulta que la referencia para esta colección es una libélula y yo llevo una tatuada desde los 16 años. Así que todo eran señales.
¿Y cuando tienes un estreno puedes escoger el vestido de Hoss que te guste?
Claro. Puedo elegir el que quiera.
¿Te ves diseñando tu propia línea de ropa?
Pues nunca me lo he planteado pero seguro que lo haría bien. Muchas veces tengo unos zapatos en la cabeza y no los encuentro en ninguna tienda y al año siguiente ¡salen! Siempre he querido diseñar mi propia ropa.
¿Cómo sería?
Unas mezclas tremendas. Pero sobre todo colores claros y prendas sencillas. Nada de ir hecha un cuadro.
En la sesión hablabas de las tres mentiras de los fotógrafos. ¿Cuáles son?Qué guapa estás, ésta es la última y te mando las fotos (risas).
¿Te cuesta lo de hacer de modelo?
No, me encanta, pero el fotógrafo tiene que tener rollo, energía. Tiene que ser un orgasmo para los dos porque es un momento de un momento y se tiene que ver la vibración.
Continuando con el tema fotos, te vi firmando en la Feria del Libro. ¿Tienes un libro?
Yo soy celíaca y fui coescritora de un libro de la Asociación Celíaca sobre las experiencias de la gente con esta enfermedad. Y allí que fui a firmar libros.
¿Y cuál es tu experiencia?
Pues me detectaron la celiaquía de pequeña y contaba cómo vivía yo los rodajes… Es algo que te condiciona porque la gente está muy poco informada y no es tan raro. Hasta en el McDonalds tienen hamburguesas para celíacos.
O sea, que ya no eres vegetariana.
Lo fui durante una época pero me hacía mal, me quede muy floja. Necesito comer carne.
Entonces no tienes problemas con las cadenas de comida rápida.
No le hago ascos a nada. Todo lo que pueda comer, me lo como.
¿Qué pasaría si esto se acaba?
Trabajaría en otra cosa. Seguramente con personas discapacitadas. Mi madre se dedica a ello y yo soy voluntaria en el grupo de teatro Danzaas, son personas increíbles.
Si te raptaran unos extraterrestres, ¿qué sería lo que más echarías de menos de la Tierra?
A mi gente y a mi perro.
Vale, imagínate que nos abducen a todos. ¿Alguna necesidad material?
No porque las cosas que merecen realmente la pena me las tatúo y así siempre vienen conmigo. Es algo que aprendí después de que mi casa se inundara. Cualquier cosa puede desaparecer en cualquier momento, ¡tatúatela!
Termina la entrevista y toca volver a salir a la calle. El periodista apaga la grabadora y continúa la conversación en torno a su pasión por la gente que trabaja con personas discapacitadas. Lo mejor de María es que realmente le da la importancia justa a su trabajo, ni más ni menos. María tienen una vida llena al margen de la industria del cine y eso se nota. Es una chica abierta, accesible y con las ideas muy claras. En ese momento, después de la entrevista, el periodista cree que se llevaría bien con ella, con la chica de verdad a la que no le importa reconocer que no consume cine asiático porque tiene facilidad para dormirse y que no le costaría nada en absoluto poder quedar con frecuencia con ella y dar un paseo por el centro o acudir a una cena en su casa y llevar el postre. María se despide de los chicos que hay detrás de la barra con un sonoro “gracias”, seguido de un cándido “hasta luego”. Se pone un gorro con forro de pelo y ambos salen. Al principio parece que se van a despedir al llegar a la calle Atocha. “¿Vas al metro?”, pregunta el periodista. Ella responde de forma afirmativa. Queda bastante cerca por lo que no es muy importante que esté lloviendo y que haga un frío doloroso. María habla de las cosas que hace en el gimnasio y de su entrenador personal. Es ella la que toma la iniciativa de abrir la puerta y una vez en los tornos, sus caminos se bifurcan. Ella va hacia Vallecas y el periodista toma la dirección contraria. María continúa su camino, saca su iPhone de la bolsa de deporte y se mete en el vagón con la mirada puesta en el aparato. ¿Te imaginas a toda una estrella del cine viajando en metro? Ahora, seguro que sí.
